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¿Enfermos de poder?

La realidad me alcanza y rebasa. Son muchos los temas que ocurren en la plaza pública y generan opinión. Es importante que las distintas posiciones tengan un espacio. Lo lamentable es que los medios de comunicación priorizan su interés, indudablemente político y económico. Son empresas. Al menos, ahora están las distintas plataformas que dan voz, aunque haya muchos que desperdician el espacio, pero, igual, tienen su interés.

Llamaron mi atención dos temas de apenas hace unos días: Un salón de belleza en el Senado y la postura de la jefa de Gobierno de la CdMx, sobre la relación medios de comunicación y gobierno. Un tercer tema: Auditorías hechas al gobierno de Campeche, cuyos resultados han sido bloqueados. Hay más.

Parecieran intrascendentes, pero tienen más elementos que se deben considerar. 

Soy convencido del cambio que necesita el país y que, como toda transformación social, requiere tiempo, más del que quisiéramos quienes lo hemos ansiado desde hace décadas, con los grupos de poder que controlaban el país en el período político que correspondió al Partido Revolucionario Institucional (PRI), y al Partido Acción Nacional (PAN), cuyo cambio gatopardista evidenció cómo esas facciones ostentaban el poder, sin que les importara el desarrollo del Estado mexicano.

Apoyé esas posibilidades. Decepciones. En el último lustro, se dibujó la transformación con enfrentamientos varios que requerían sustento legal, el cual se hace desde uno de los poderes que constituyen la Unión de este país; incluso, la dificultad de evitar continuara el otro Poder en poder de esos grupos que también abarcan el control del poder fáctico que tiene a la nación en un estado de inseguridad generado artificialmente desde esos mismos espacios.

No obstante la disminución en cifras gubernamentales de la incidencia delictiva, la percepción de la gente es que predomina el ambiente violento en las calles y las familias no están seguras ni en sus casas, ya que los poseedores de las concesiones de medios masivos apuestan a su penetración en la mente de las personas, lo cual ha resultado.

Una rápida verificación de lo afirmado se puede hacer en los noticiarios televisivos y radiofónicos, periódicos, revistas, así como en plataformas de internet y redes sociales. Los primeros, en sus distintas emisiones apuestan a la nota roja, a la información de homicidios que en cualquier sociedad ocurre, además de asaltos, robos y accidentes, lo cual genera estados de ansiedad y miedo. En la red de redes, evidentemente se trata de espacios pagados que usan las diferentes opciones para que llegue al mayor número de personas en su soledad íntima, compartida en sus diferentes círculos sociales.

Y el manejo informativo, cuando la jefa de Gobierno, Clara Brugada, expresó que “… sería muy bueno un gran acuerdo con todos los medios de comunicación para que le bajáramos a la nota roja…”, según notas periodísticas. Sin embargo, la gran mayoría de los medios manejaron la información como un “pacto de silencio”, palabras mismas que las utilizadas desde el período de Felipe Calderón con la Guerra contra el Narcotráfico y continuado con el último presidente del PRI.

Hubo una reunión en el Museo Nacional de Antropología, convocada por Claudio X. González, Ricardo Salinas y Emilio Azcárraga, en la que impulsaron el Acuerdo para la Cobertura Informativa de la Violencia, con el que se unificó un criterio en la exposición de las notas, con lo que formaron parte de la estrategia de información más de 700 medios de comunicación. Minimizar la nota roja. La publicidad continuaría.

Igual, los excesos se dan en el otro lado del escritorio. Desde ese otro Poder, donde se supone se legisla en favor de México, se abrió una estética. Mi entendimiento no alcanza a discernir el motivo por el que se instaló el salón de belleza para legisladores, aparentemente de la 4T. Y lo usan en horarios que, se supone, son laborales, aunque ellos no estén sometidos a un horario definido de labores.

El sentido común me indica que ese tipo de asuntos no deben existir, aunque en todas las dependencias y organismos autónomos hay espacios para, se supone, facilitar a los funcionarios su actividad, como los comedores, baños, recámaras, autos y otros. Soy de la idea de que todos los funcionarios debían tener facilidades, pero para su actividad, no para su cotidianidad, como el comer, llevarse el auto oficial a su casa o cortarse el cabello.

Es común que los altos funcionarios utilicen al personal para asuntos personales, como la limpieza de casa, jardín, chofer para sus respectivas familias, etcétera. Ocurre, lamentablemente y es parte de la corrupción. El trabajador no puede negarse, por las represalias que ocurrirán.

Recuerdo en las oficinas de Prevención y Readaptación Social el uso de recursos institucionales para pagar un asunto estético en un hospital privado de alto costo a una servidora pública que ha tenido cargos de titular de procuradurías de justicia y otros cargos federales y estatales.

Desde otros períodos administrativos había sido abierta, luego cerrada y reabierta más veces, de manera irregular, “clandestina” publicaron algunos medios, con lo que, quienes prestan el servicio no pagan renta, luz, agua y los distintos gastos que cualquier negocio requiere.

Considero que los Poderes de la Unión e instituciones varias deben respetar lo que marca la ley, y sus integrantes tener menos prerrogativas y mayor vigilancia en el uso del presupuesto, pues lo hacen de manera discrecional. Al no transparentar los recursos recibidos, necesariamente ocultan; esto es, necesariamente hay actos deshonestos.

En el mismo caso se encuentra el gobierno de Campeche. Y peor, porque al haber auditorías existen elementos probados de posibles malos manejos.

Entonces, esos falsos servidores públicos afectan el proyecto de transformación que toma forma. No les interesa. Al igual que los anteriores, buscan su beneficio personal y grupal. Se trata entonces de la búsqueda del poder por el poder, “quítate para ponerme yo”, sin que en su cabeza pase el transformar al país para beneficio de todos y generar bienestar en la población, como los teóricos de la administración pública y la política, han escrito desde hace siglos.

Y no les interesa.

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