Como cada noche, fue por sed la interrupción del sueño y la oscuridad cómplice agitó un poco más el malestar y la necesidad de una garganta seca, de una boca con sabor amargo.

Agua fría, sonidos ausentes, una absoluta soledad tomando el vaso con la mano izquierda mientras los ojos daban forma a las sombras vivas de árboles desnudos y callados al otro lado de la calle.
Nadie más parecía estar vivo. Ni grillos, ni aullidos de perros aterrorizados por el continuo vagar de las almas, ni sonidos de motor en la calzada. Nada.
Sonreí al pensar que así de estridente es el interior de este cuerpo, pero casi de inmediato caí en la cuenta: «¿y quién lo escucha?».
Mientras buscaba una respuesta me sorprendió el amanecer…
***
Otros dicen sentirse vacíos, huecos… incompletos. Hasta esta mañana no había entendido bien a bien el significado de tales afirmaciones, entonces fui por un pan y preparé un café. Hablé conmigo como hacía tiempo no lo hacía, la sorpresa fue al reconocerme ausente, lejano. ¿Cuál es el sentido?, ¿para qué?

La sensación es similar a aquella primera vez bajo la lluvia, al menos así lo recuerdo.
Uno tiene obligaciones siempre, no importa la edad, el contexto y el lugar. Entre las mías, a esos siete años, destacaba pelear todos los días con los otros niños de la escuela que nos molestaban a mi hermano y a mí por circunstancias que ya no vale la pena recordar, así que cada día era un buen pretexto para regresar a casa con una nueva marca… en el cuerpo o en el cuaderno.
Ese sábado me correspondía encerrar a los animales y volver con las herramientas usadas durante el día en el campo. Empezaba a oscurecer. Mientras caminaba entre lodo y piedras, alguien decidió que no era apropiado para un niño andar solo en el monte de noche y decidió hacerme compañía. Me abrazó con su frío mientras ese bendito olor a tierra mojada guiaba los pasos sin que en realidad hubiese certeza del destino.
No miento, así ha sido desde entonces…
***
Alrededor hay seres humanos con sentimientos y actitudes propias de su especie. Para mi infortunio los amigos están lejos y acá solo hay mentirosos, mediocres, traidores e hipócritas, como debe ser entre cualquier grupo de personas civilizadas con nuevos integrantes y viejos avecindados.

Una minoría sonríe y abre los brazos al sol y da gracias por un nuevo día, otra solo hace y dice cosas de forma automatizada. Optimismo y monotonía unidos por una increíble cantidad de convencionalismos con reglas no escritas que nadie respeta porque ya es suficiente y no se han dado cuenta en realidad de ello. Por eso están así sin saberlo… vacíos.
No. Yo no soy ajeno a tales condiciones, aunque sí a los calificativos… los míos no son mejores. Por eso de tanto en tanto hablo en silencio para mí y a veces escucho. Hago correcciones sobre la marcha, reorganizo estrategias y me sirvo un café helado por las mañanas, luego enciendo un cigarro y un par de bocanadas después estoy diciendo nuevamente que voy a dejarlo y sonrío porque nadie aquí escucha las intenciones.
Trazo entonces un rápido mapa mental a propósito de estas y caigo en la cuenta: han sido las mismas desde hace años y la falta de carácter, compromiso y disciplina han nulificado los resultados que, seamos sinceros, ya no espero, quiero o necesito.
De cualquier forma son los otros el factor común.
Entonces… ¿cuál es el sentido?
* * *

La última vez preparabas algo. Te limitaste a mover los labios y emitiste sonidos incomprensibles, al menos lo fueron después. Solo entendí la primera frase y después ya nada tuvo sentido.
Han pasado decenas de años. Ofrecí cambios, concreté algunos y otros se quedaron olvidados en diferentes lugares y sonrisas.
Todas las características que me definen se han incrementado desde entonces, para bien y para mal, aunque los amaneceres y las noches, al igual que el rostro de la luna, son los mismos. Los otros también… a veces sonrío…















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