EKTUNKUL

todo resuena en nuestro México

Sabes a limón…

Alina es una mujer /amable y risueña. Morena.

De estatura promedio y con una picardía oculta en la mirada, descubierta gracias a una piadosa mentirilla en torno a su nombre, descubrimos su sonrisa y una dentadura imperfecta, pero hermosa.

Cuando nos presentamos hallamos un sorprendente bienestar en su compañía y el helado de limón entre palabras lo confirmó aquella tarde, luego de terminar su turno y decidirse a acompañarnos. ¿Qué otra cosa podría hacer? Iría a casa a arreglar y planchar el resto de su ropa y luego se sentaría a ver alguna serie hasta quedar dormida en su sillón favorito, su manta de estrellas y lunas afelpadas y la nada envidiable compañía de Boris, su gato negro. Eso dijo.

Nosotros íbamos hacia la Galería de horrible nombre cerca del centro de la ciudad. Un amigo en común exponía su obra en acuarela, un montón de animales surgidos de sueños, como alebrijes de colores vivos y movimientos imposibles al parecer. Muy surrealista pero bastante novedosa. Luego planeábamos caminar por la alameda central y quizá disfrutar el resto del sábado en alguna terraza bar o algo.

Era una idea brillante para nosotros pero no para ella. Alina no disfruta del arte en soledad, ni de paseos solitarios y mucho menos de tardes frente a una mesa en la que solo hay una copa.

Nos miramos con un dejo de complicidad… ella aceptó la invitación…

***

El taxi nos dejó en el parque. Era imposible acercarse más porque había un festival de quién sabe qué y habían suspendido la circulación en la zona. Empezamos a caminar entre niños jugueteando cerca de sus padres y mascotas liberadas de las manos de sus dueños. Un montón de vendedores ofrecían de casi todo en el pasillo central, bajo la sombra de enormes árboles hasta cuyas ramas volaban centenares de burbujas y en cuyas hojas moría el eco de los dulces, los globos, los gritos de madres incapaces de controlar a sus pequeños monstruos y la admiración de estos por las formas de los peces en el estanque y el andar de los patos. Sí. También había nieves y helados.

Doña Mary me reconoció al instante. Atrapó la enormidad de mis cachetes entre sus manos diminutas y nos obligó a elegir un sabor. “Todo a cuenta de la casa… De no haber sido por este muchachito no habríamos logrado llegar a la feria ni habríamos obtenido ese primer lugar”, dijo a mis acompañantes. Me reí.

No diga eso señora hermosa, ustedes lo habrían logrado de cualquier forma, yo solamente llevé a los jurados a probar esta exquisitez-, respondí mientras me apresuraba a disfrutar de mi combinación favorita y que ella conocía a la perfección: chocolate con flor de lavanda.

Alina pidió limón con bugambilia y Yeni su clásico de toda la vida: menta y pétalos de rosa. Mientras ellas se despedían de Mary y adulaban su producto, me acerqué a un costado y con toda discreción deslicé un billete para cubrir el gasto. Cuando nos despedimos me regaló un abrazo de esos necesarios para recordar y luego nos ignoró para atender a otros clientes.

Qué linda señora, se ve que te quiere mucho, dijo Alina mientras intentaba evitar que la nieve resbalara luego de tropezar e iniciar un brusco movimiento que casi le hace desprenderse del cono y su preciado contenido.

Pude asirla por la cintura mientras Yeni daba un paso hacia ella para usar su cuerpo como barrera. Quedaron de frente, sus miradas se estrellaron en un segundo roto por una servilleta y un beso cerca de la comisura de los labios… sabes a limón…

***

Boris ronronea, maúlla desde el fondo de la habitación en el pequeño departamento y desde la placidez del que luego confirmamos era su rincón favorito, exige alimento. Alina de pies descalzos avanza hacia la despensa, saca una lata y vierte el contenido dentro del plato en el piso.

El inevitable contraluz descubre nuevamente toda la sensualidad de su cuerpo perfecto y antes oculto.

Ni ella ni yo podemos evitarlo. Nos acercamos.

Ahora es mi pecho el refugio de su espalda mientras manos que no son suyas recorren la piel y su pigmento universal. La humedad contrasta con la palidez de las palmas y todos los besos alrededor nuestro. Todas las manos están ocupadas y todos los labios proclaman disposición y conquista porque somos en esta mitad de la mañana un nuevo territorio preparado a ser recorrido.

Avanzamos por los afluentes y la densidad de una selva profunda y oscura que termina por inundarse de un sol de mediodía mientras las colinas intentan ocultar el nacimiento de hermosos volcanes recubiertos de ansias y deseo. Magníficos, eternos, grandiosos. Mi boca y la suya los descubren y tratan de describirlos pero articular palabras es imposible ante el movimiento de esta tierra y esos valles.

Espasmos y suspiros envuelven estos pasos y la insaciable necesidad de seguir adelante impide establecer límites cuyo alcance decidimos ignorar. Bebemos de aguas profundas y la sed es insoportable, aunque las gargantas se humedecen todo el tiempo… una cada vez y el sabor se desprende de otros labios.

Llegamos a la cima. Desde las alturas, muy cerca del cielo donde yace el paraíso y el edén, una manta de estrellas y lunas afelpadas sirve apenas de reposo a los cuerpos fatigados y ofrecemos kilómetros de piel al viento para ser comprendidos… un poco más…

Pasaron horas y debíamos volver a la realidad, aunque prometimos un reencuentro para cumplir el plan original y acudir a la galería.

En el rellano de la puerta nos despedimos con un beso y una frase al oído… sabes a limón…     


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