EKTUNKUL

todo resuena en nuestro México

Algún Día… sigues aquí

Ese tenebroso asunto del flirteo no es lo mío.

Creo que siempre he sido bastante directo. No por falta de romanticismo, es más bien una cuestión de tiempo.

De hecho, Yeni lo dijo cuando esta historia empezó: no te andas por las ramas, ¿verdad?

No, nunca lo hago.

Contigo fue diferente porque, literalmente, no supe qué hacer y me quedé pasmado mientras descendías por la escalera con esa espléndida sonrisa.

Te acercaste al mostrador, preguntaste qué necesitaba y yo no podía evitar tu boca perfecta y ese particular brillo en tus ojos que, después lo supe, solo era para mí.

Traté de explicarme, pero las palabras se resistían y te diste cuenta.

  • ¿Sobre qué es tu material?

A la fecha no lo sé, apenas pude balbucear algo a propósito de la feria anual y la presentación de un dueto entonces cuya fama había desaparecido años antes, pero seguían siendo uno de mis favoritos: Viola y Trigo.

¡Vaya coincidencias! Su tema Todavía, mi favorita, fue escrita para ti…

***

La verdadera sorpresa llegó la tarde de aquel cine.

Si hay un recuerdo que no puedo arrancar de la memoria es la majestuosidad de la espera, el porte de la expectativa y la enormidad de tus pupilas cuando descubriste el acecho y sonreíste.

Ese primera oportunidad me permitió confirmar el tamaño de las manos y la decisión de lo que fuimos. Las absurdas conclusiones luego de la función… las infinitas posibilidades a tu lado…

Luego vinieron charlas, paseos. El cómo permitiste la cercanía, el ondulado artificial de tu cabello al viento y la peligrosa descripción de todos esos enigmas por enfrentar aquellos años. Aquella noche, luego del amanecer.

Descubrimos la cúpula de una iglesia abandonada y hundida en medio del lago. Luego seguimos la grieta nacida en la carretera y la recorrimos hasta llegar al campanario de la nueva comunidad, justo al centro de la fe. Increíble.

Entonces adoraba tu voz ronquita, grave, directa. Fue contundente cuando, en tu molestia al sugerir encontrarnos 10 minutos antes en el acceso principal de la sala de conciertos lanzaste el mejor argumento: “de nada sirve estar juntos si cada uno hallará la forma de llegar a su destino”.

No lo niego: amo tus sonidos tanto como cuando te escuché llamarme desde dentro, cuando pronunciaste mi nombre -el que nunca uso- con los ojos entrecerrados, los labios apenas abiertos y suspiraste.

Empezamos a crecer juntos y compartimos éxitos, frustraciones… planes.

Yo cumplí uno: escribí una novela sobre ti…

***

Tomé tu mano y te acerqué al viejo portón. Besé tu boca otra vez y correspondiste. Luego atendimos el llamado y volvimos a lo que fuimos entonces, Hablamos con los otros sobre el plan y la ruta.

De cómo llegaríamos y para qué. Siempre estuvimos de acuerdo y las pocas diferencias se solucionaron hablando frente a una taza de café o una cerveza bien fría.

Tu familia me dio la bienvenida y la mía supo de ti apenas porque nunca regresaba a casa. Luego llegaron la vida y sus consecuencias…

Lo cierto es que tengo todos estos años y no estás aunque la realidad es evidente: nunca nos fuimos porque aquí lates cada segundo y la sangre recorre todos esos caminos siempre y veo cuando amanecen tus ojos y escucho el despertar en el hocico de los perros… y vivo…

Estoy por llegar a nuestro pequeño paraíso, el que solo conociste en el papel, aunque si de algo hay certeza es el de una ensenada lista para ti.

No lo sabes, pero puedo asegurar que lo intuyes en esta distancia de años y tiempo.

Yo todavía tengo la certeza de tu cuerpo tan vibrante, tan sinfónico, tan tuyo… tan mío.

Sé que podría morir ahora… pero ahí hay un amanecer asomando y, en realidad, odio cuando esto pasa porque, lo reconozco, disfruto soñar contigo cada vez.

Odio esperar otra noche a que vuelvas mientras duermo…


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