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Las Pastoras de Piedra

Para nadie es un secreto que el nuestro es un pueblo profundamente religioso y la fe, estimados lectores, no solo mueve montañas, también genera historias y leyendas que hacen las delicias de chicos y grandes.

Esa es precisamente la leyenda que en esta ocasión compartimos con ustedes y viene desde la montaña, en el estado de Guerrero.

Se cuenta que hace más de un siglo, un grupo de peregrinos salió de la Costa Grande rumbo a Chalma, en el Estado de México, para cumplir una manda al Señor de Chalma, uno de los santos más venerados en aquella región, y con ellos caminaban las pastoras, mujeres radiantes con trajes de olanes multicolores, listones ondeantes y sombreros adornados, listas para danzar en honor al santo que les había concedido favores milagrosos.

Pero el camino era arduo: días de marcha bajo el sol abrasador, subiendo cerros y cruzando barrancos. Finalmente, cerca de Teloloapan, en el sitio conocido como Tierra Colorada, el agotamiento las venció. Las pastoras se dejaron caer exhaustas al suelo polvoriento. “Ya no podemos más… nos quedamos aquí a esperarlos para volver juntos”. Los compañeros las rogaron, les suplicaron que cumplieran su promesa sagrada, pero ellas se plantaron firmes, negándose a dar un paso más.

Los peregrinos, con el corazón apesadumbrado, continuaron su viaje. Minutos después, no resistieron la tentación y voltearon para un último vistazo. Lo que vieron los dejó helados: donde antes reían las pastoras, ahora se erguían enormes piedras azules con siluetas perfectas de mujeres petrificadas, inmóviles bajo el cielo guerrerense.

Se santiguaron presurosos, murmurando oraciones entre temblores. “¡Es el castigo del Señor de Chalma!”, exclamaron. Habían prometido visitarlo y danzar su danza tradicional, pero el cansancio y la falta de fe los traicionaron, por eso fueron convertidas en eternas estatuas de roca como escarmiento.

Hoy, esas formaciones rocosas permanecen intactas en Tierra Colorada, municipio de Teloloapan, Guerrero, justo en el antiguo camino de peregrinos. Los locales las señalan con respeto a los visitantes, recordándoles que las promesas a los santos son irrompibles: faltar a ellas puede transformar carne en piedra para siempre…

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