Las calles empedradas de Taxco reciben el peso de cruces espinosas, pies desnudos y el sonido de cadenas arrastrándose. No es solo devoción, es un ritual que duele, que marca la piel y el alma bajo el pretexto de la fe.

Estuve ahí hace años, atestigüé una procesión donde los encruzados avanzan descalzos, con el rostro cubierto, cargando promesas y penitencias que pesan más que la madera. Hombros sangrantes y espaldas marcadas eran, entre ellos, el denominador común.
A consecuencia de la Semana Santa, México se transforma en un místico escenario vivo de sincretismo religioso y mestizo en el que el catolicismo español se fusiona con las raíces indígenas de un pueblo ávido de Dios.
Este 2026, todo empezará, una vez más, a finales de marzo y principios de abril.
De la Colonia al Mestizaje
La Semana Santa llegó a México con los conquistadores españoles en el siglo XVI, pero no se quedó en misas frías. Se entretejió con costumbres prehispánicas, como los rituales de sacrificio y penitencia de los pueblos indígenas de aquel entonces, quienes así consiguieron mantener parte de su esencia oculta a la vista de todos.

Por eso en lugares como Iztapalapa, el Viacrucis no es teatro, sino una representación que data de 1843, inspirada en una epidemia de cólera que obligó a los locales a prometer devoción eterna. Un compromiso que hoy, decenas de años después, atrae a millones, pero su origen es práctico: una mezcla de miedo, fe y comunidad.
Taxco es un buen ejemplo. Con su plata colonial, convirtió la penitencia en arte doloroso, influenciado por las cofradías españolas pero adaptado al terreno montañoso guerrerense. No es solo religión; es historia viva, donde el dolor público expía pecados colectivos.
Fechas Clave en 2026
Según el calendario litúrgico, la Semana Santa 2026 en México se extiende del domingo 29 de marzo al domingo 5 de abril. Aquí un desglose día por día:

El 29 de marzo es Domingo de Ramos, una fecha que recuerda la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, donde el pueblo le recibió con palmas y ramas de olivo, de acuerdo con la historia dictada por los Evangelios. En México se tejen palmas en racimos que se llevan a bendecir a la iglesia, aunque destaca particularmente el caso de San Miguel Néjapa (Oaxaca), donde se elaboran con motivos indígenas.
Luego llegan los días 30 y 31 de marzo, así como el 1 de abril (lunes, martes y miércoles santos). Son los días previos y la gente compra cirios, algunos ayunan y otros oran. La historia está a punto de repetirse y nuevamente el hijo de Dios enfrentará su destino… por nosotros.
El Jueves Santo (2 de abril) es el momento de la visita de las siete casas y los fervientes acuden a la misma cantidad de iglesias; el ritual se repite a lo largo y ancho del país entre los católicos. La Última Cena también se representa en cada plaza. Jesús es señalado con un beso en la mejilla y todos sabemos que fue Judas quien lo traicionó, al menos eso han querido que creamos y ha funcionado porque en México hasta un refrán hemos hecho para recordarlo: “ni Judas fue tan traicionero”, respondemos señalando a quien dio al traste con nuestra confianza.

Además, hay procesiones como la de Taxco, en Guerrero, donde los “encruzados” cargan fardos o rollos de espinas de zarza sobre hombros desnudos y cabezas cubiertas con capuchas negras porque se busca perdón y anonimato. La Procesión de los Cristos dura toda la noche del Jueves Santo, con imágenes coloniales de plata. Es crudo: sangre real, penitencia visible. Taxco, Pueblo Mágico, se ilumina con velas, pero el dolor es el centro de todo.
Han empezado las escenificaciones. La de Iztapalapa y la de Tacubaya son las más antiguas de la Ciudad de México, pero en el país destaca también la de Puebla, con su ruta desde el Templo de San Francisco hasta la Capilla del Calvario; Querétaro no se queda atrás con el simbolismo de espinas y cadenas en templos históricos, y la Judea de San Martín de las Flores en Guadalajara, considerada la segunda más importante en nuestro territorio.
Vale la pena hacer un paréntesis aquí. El Viacrucis de Iztapalapa cumple más de 180 años de tradición, con 5 mil participantes y 2 millones de espectadores; un actor local interpreta a Cristo, cargando una cruz real por cerros empinados y no es espectáculo, es voto colectivo desde la colonia. En 2026, espera multitudes, pero hay que llegar temprano para ver los preparativos en el Cerro de la Estrella.

El Viernes Santo (3 de abril) es el día más doloroso. Poncio Pilatos se lava las manos cuando la multitud ha decidido que el ladrón Barrabás es menos culpable que el Hijo de Dios y lo libera. La muchedumbre, exacerbada, no duda en responder a la pregunta del prefecto romano en torno al castigo adecuado para alguien en quien no encuentra culpa alguna: “¡crucifícale!”. Jesús recorre el camino a golpes cargando una enorme cruz de madera, sediento, cae tres veces y cuando por fin llega al fin del camino no hay descanso. Será torturado, crucificado… muerto… Por eso hay procesiones como la de Taxco, la de Puebla o la de Querétaro, donde la penitencia y el dolor son protagonistas para compartir sufrimiento.
Lo cierto es que en México, ejemplos como la Procesión de Viernes Santo en Puebla reúnen multitudes.
El Sábado Santo (4 de abril), es un día de silencio y reflexión en la liturgia cristiana. Se conmemora el reposo del cuerpo de Jesús en el sepulcro y se caracteriza por un ambiente de duelo. Vigilia, ayuno y la muerte del traidor. Como parte de la tradición se queman representaciones de Judas en las plazas. Recuerdo que hace muchos años se acostumbraba aventar agua a las personas en la calle y se organizaban “guerritas” con el líquido pero como tanto desperdicio sumado a otras situaciones ha cobrado facturas y ahora eso es un delito.

El Domingo de Resurrección (5 de abril), es un día de alegría porque Cristo Jesús resucitó. Hay misas y festejos por todos lados.
¿Recomendaciones?
Si no te gustan las multitudes descarta ir a Iztapalapa, mejor opta por el Viacrucis en Cuetzalan (Puebla), que es menos comercial y está a 4 horas de la Ciudad de México. Además, estás obligado a probar la gastronomía regional; si llegas a la CdMx tienes que probar la capirotada (pan con frutas secas) o los romeritos con mole. Un mercado como el de Coyoacán es una muy buena opción.

Donde hay gente hay basura y ese, como dicen las nuevas generaciones, es un “facto”, el compromiso es cuidar el medio ambiente; además, hay que recordar las medidas básicas de seguridad y salud, usar cubrebocas sería una buena idea. Hay que pensar en todo, si pretendes visitar un Pueblo Mágico en esas fechas, te recomendamos reservar con tiempo.
Recuerda, Semana Santa no es solo días libres; es un espejo de México: dolor, resiliencia y celebración mestiza. En 2026, con fechas del 29 de marzo al 5 de abril, es una buena oportunidad para conectar con algo profundo.
Recuerda que hay un sinfín de alternativas y, si en realidad deseas vivir una experiencia única, debes asistir al Viacrucis en San Lucas Zoquiápam, en Oaxaca, con influencias zapotecas, o ir a Michoacán a experimentar Tzintzuntzan. En este México mágico tienes opciones de sobra para vivir y experimentar la Pasión de Cristo…
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