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El Sombrerón: El Enamorado Enano que Roba Novias en las Noches de Chiapas y Oaxaca

En las noches profundas de Chiapas y Oaxaca, cuando la luna se asoma entre las ceibas y el viento trae el aroma de copal y café, se cuenta que un ser diminuto sale de las sombras. No es un hombre común, ni un espíritu errante cualquiera, es el Sombrerón: un enano de estatura infantil, pero con un sombrero enorme que le cubre casi todo el rostro, dejando solo brillar dos ojos negros, vivos y seductores como brasas en la oscuridad.

Nadie sabe de dónde vino. Algunos dicen que surgió de las antiguas tradiciones tzeltales y zapotecas, un ser travieso que los dioses enviaron para castigar la vanidad y los amores apresurados. Otros juran que es el alma de un novio rechazado que regresó del más allá para cobrarse lo que le negaron en vida. Lo cierto es que aparece cuando menos se le espera: en los caminos de tierra roja de los Altos de Chiapas, en los pueblos ocultos de la Sierra Madre de Oaxaca, o junto a los ríos donde las muchachas van a lavar ropa al atardecer.

Vestido con traje negro impecable y botas relucientes, el Sombrerón camina sin hacer ruido. Lleva siempre una guitarra pequeña colgada al hombro o un silbido que flota en el aire como una melodía imposible de olvidar. Su voz es dulce, casi infantil, pero cargada de un encanto que nubla la razón. Se acerca a las novias prometidas, a las jóvenes más hermosas del pueblo, y les susurra promesas de amores eternos. Les roba el sueño primero: las muchachas empiezan a perder el apetito, a mirar por la ventana en la madrugada, a sonreír sin motivo. Sus novios las encuentran pálidas, distraídas, como si ya pertenecieran a otro.

Luego viene el robo. En plena noche, cuando el pueblo duerme, el Sombrerón aparece a los pies de la cama. Con una sonrisa bajo el ala de su sombrero, extiende la mano diminuta y la muchacha, hipnotizada, lo sigue. Desaparecen entre la milpa o la selva baja. Al amanecer, solo quedan las huellas pequeñas junto a las grandes, y un rastro de pétalos de flor de muerto. Algunas regresan días después, cambiadas para siempre: ya no aman a su prometido, hablan de bailes bajo la luna y de un enano galante que les prometió un reino de estrellas. Otras nunca vuelven. Sus familias las buscan en vano, y en las cantinas se murmura que ahora bailan eternamente en algún cerro encantado.

Hay quienes aseguran haberlo visto de cerca. Dicen que su sombrero es tan grande porque guarda dentro los corazones robados. Otros cuentan que si una joven logra resistirse y traza una cruz con sal en la puerta, el Sombrerón se aleja riendo, pero deja una marca: la muchacha nunca se casará, o su futuro esposo morirá joven. Las versiones varían según el pueblo, pero el miedo es el mismo.

Hasta hoy, en las noches de Chiapas y Oaxaca, cuando se escucha una guitarra lejana o un silbido que parece venir de todas partes y de ninguna, las madres cierran las ventanas, los padres encienden velas y las muchachas se persignan tres veces. Porque el Sombrerón sigue enamorando, sigue robando novias y sigue recordando a todos que el amor más peligroso no siempre llega con estatura de hombre… a veces llega con sombrero grande y pasos de enano.

¿Y tú? Si alguna noche, en un pueblo de la sierra, oyes una melodía dulce que te llama… mejor no mires hacia atrás. El Sombrerón podría estar sonriendo bajo su ala inmensa, esperando llevarte a bailar para siempre.

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