EKTUNKUL

todo resuena en nuestro México

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Las tonalidades del olvido…

Fue un viernes. Había terminado una relación y esa mañana decidió alejarse de todos los sitios conocidos para evitar recuerdos, pero la ciudad estaba plagada de ellos. Guardó varios cambios de ropa en una maleta, se deshizo de memorias y decidió dejar la tristeza a resguardo de todas las cosas materiales en su apartamento.

Llegó al aeropuerto y se acercó al mostrador con menos personas. Pidió un boleto a cualquier lugar lejos de la ciudad. Solo de ida.

La buena fortuna es muy amiga mía en ese tipo de situaciones e hizo lo imposible por encontrarnos, pero uno es torpe, lento y despistado y ella no estaba para conocer a nadie. Alquiló un vehículo y programó la ruta, poco más de una hora de camino hacia el paraíso y ahí, por alguna razón, nuestras miradas se cruzaron…

***

La laguna es hermosa. Diferentes profundidades generan diferentes tonos de azul y estos bailan al compás de los rayos solares porque la luz es música y alimenta el alma.

Un poco más allá de la otra orilla es diferente: juncos y cañaveral hacen lo propio bajo el rumor de la brisa caribeña mientras seres de otras dimensiones iguales a la nuestra juguetean tras ellos y, apenas descubiertos, han decidido que la realidad es suya y en ella interpretan nuevas danzas y ritmos para ti.

A veces decides caminar. Cruzas la hondonada y luego de un par de recuerdos llegas a la playa y te das cuenta: tu gozo es aliado del movimiento y cada pequeño pedacito de duda deja de serlo porque el océano al que perteneces grita tu nombre a través de las olas mientras recorres historias y memorias tenues de una vida que no fue.

Los pies descubiertos arrastran arena y un poco de olvido. El todo al que pretendías pertenecer envejece a kilómetros de distancia al tiempo de tu piel rejuvenecida y la nueva sonrisa aliada del horizonte marino abraza todas esas aguas de sal y sus leyendas. Hay historias de sirenas, de almas ancladas para siempre con nosotros y de imposibles visualizaciones durante madrugadas oscuras.

¿Yo? Tengo un poco de ti atrapado entre mis párpados, por ello disfruto sentarme de frente al atardecer y cerrarlos, rodearte con las indescriptibles variantes de colores y perderme cada vez un poco más en el gesto de aquel mediodía, cuando nos encontramos por primera vez.

***

El silencio en el estero contrasta con los gritos de mis manos en tu piel, sin pasado que obstaculice, sin remordimientos, sin ansia. Con los labios entreabiertos de rumores celestiales y todo el ruido de cuerpos recién descubiertos en nuevas tierras e historias por forjar.

El día de San Joaquín nos recibió con cantos y algarabía luego del paseo de las imágenes religiosas en las lanchas de los pescadores. Algunos, ya viejos conocidos entonces, decidieron celebrar con las familias reunidas cerca de la plaza principal.

Meses antes era imposible imaginarnos así: un par de otrora extraños involucrados en los festejos de un lugar que ahora es nuestro y con personas que ahora llamamos amigos.

Lo cierto es que esta luna de agosto es, sin duda, la mejor de todas. Un verano moribundo acompaña los pasos a casa y el insólito silencio grita tu avance y se prepara.

Más temprano, al despertar, encontrarás en el bolsillo un collar de jade dentro de un apenas ornamentado envoltorio de tu chocolate favorito, no el comercial, el otro, el que hacen cerca del pueblo. Seguro te decepcionará descubrirlo y al mismo tiempo te sorprenderá confirmar cuánta atención he puesto desde entonces a los pequeños detalles sobre ti… a tus ojos aguamarina…

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