EKTUNKUL

todo resuena en nuestro México

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El Ciclo de la Penumbra

Las cuerdas vibran y allá, poquito más cerca del sol, algo sucede.

Dicen que sueñas a alguien cuando hay sentimientos pendientes y ajustes por concluir. Quizá sea cierto.

Una vez cada tanto apareces mientras duermo en diferentes situaciones, aunque te llamas siempre igual. Lo curioso es que en todas ellas eres. Así, sin más.

Hemos andado mares y navegado montañas porque somos. Estrellas de azul vestidas de una eternidad pulcra y sin complejos te rodean y ocultan los restos de quien soy o fui mientras mueves los labios que nunca terminé de besar, mientras andar se transforma y entonces, con la aurora, tus manos mueven tiempos y espacios en superficies apenas dispersas. Lo sé. Es ilógico… como tú…

***

La rareza del tiempo radica precisamente en la imposibilidad de interpretarle y cuelgo de una argolla. Hay una tensión imposible y los insectos huyen hacia la seguridad de la luz solar porque abajo, en la oscuridad, todos los minutos y las horas atormentan a los que duermen.

Luego están los escalones y un poco de cloro atascado entre las baldosas señala el camino. El ritmo cambia, los pasos ahora son lentos y un poco de lluvia obliga a recordar: la intemperie no es la única salida y tampoco hay un verdadero rumbo.

A una distancia segura se adivina el trigal y el dorado ondular del viento corriendo entre espigas habla de posibilidades porque nunca todo está perdido. A veces solo se esconde, otras se arrastra, incluso vuela, pero siempre muestra alternativas. El problema es cuando los sentidos se limitan a intentar, cuando arrastramos conclusiones surgidas de la especulación y el miedo, cuando tomamos la absurda decisión de dar las cosas por hecho.

Quizá por ello hay tantos caminos abiertos con cercas inconclusas, algunas de madera recién cortada, arraigadas al interior de la tierra con los primeros rasgos de podredumbre apareciendo a fuerza de humedad y lodo. Demasiado lodo.

A los otros seres no les interesa. Nada de ello les pertenece a menos que les sea obsequiado y ahí es cuando las cosas cambian porque la razón puede no ser comprendida: derrumban fines, destrozan objetivos y confunden atardeceres. Esa es la desconfianza: ellos.

***

A pesar de todos los rostros que has sido he aprendido a reconocerte en cada encuentro gracias al tono de tu voz. El casi imperceptible tamiz en el sonido obliga.

Entonces tus ojos gritan miles de frases y sonríes majestuosa porque algo en ti sabe.

Confías, confiesas, sugieres, enseñas, vives una vez más para morir durante el resto de esta noche y quizá un poco de madrugada porque luego la vida enseñada continúa y el sol hace lo suyo otra vez.

El espejo de la realidad tiene infinitas posibilidades entonces y caes en la cuenta de aquellas que solo imaginas porque eso son los episodios de vida que ocasionalmente recuerdas al despertar. Ahí recuperas el nombre, distingues una silueta al correr del olvido y algo muy dentro del pecho te arranca lágrimas y ansias que ya no podrás satisfacer.

La marea empieza subir por el efecto gravitacional del deseo y el impulso recién descubierto termina por aferrarse a alguna enramada de esas que acompañan las corrientes y chocan y golpean, se hunden cada vez menos porque se han acostumbrado a la nueva densidad y estado. Como tú, se limitaron a absorber las mejores cualidades del entorno para sobrevivir el recorrido… la aventura termina justo ahí.

¿Yo? Solo te veo cuando los párpados descansan y, a decir verdad, varias veces cada vez y sí… ocasionalmente muero…

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