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La sociedad ignorante

Tenía lista mi colaboración para este espacio, pero decidí postergar su entrega. Leí el artículo de Guadalupe Loaeza, cuyo título es Que nos caiga el veinte, el cual tiene elementos interesantes que me gustaría retomar sin que se considere una crítica o ataque en su contra, ya que la escritora y articulista merece mi respeto y reconocimiento, con cuyo pensamiento no he estado de acuerdo desde hace muchos años.

Apareció en mi vida cuando no tenía ni 20 años. No se me antojaba leerla. Lo hice, resultado de una conversación con Gema, mi queridísima y entrañable amiga. Ambos somos resultado de la educación pública, de la cual estoy orgulloso y agradecido con la SEP y la UNAM. Evidentemente, nuestra extracción social y formación académica es totalmente opuesta. El pensamiento es distinto.

Interesante que escriba para su generación, los 80’s y puede que de los 90’s, porque esa frase que da el título no la entienden las generaciones siguientes y menos las actuales. El libro que la lanzó al reconocimiento, Las niñas bien, publicado a mediados de los 80’s, con una aparente crítica y burla hacia ese segmento social, tuvo éxito, pues era diferente, ya que una persona de esa categoría se atrevía a hacer observaciones de lo que ocurría entonces. Con sus diferencias, aún se puede ver sus costumbres referidas por la escritora, copiadas por los llamados aspiracionistas, palabra queretoma, aunque quien la usaba no sea de su agrado.

Su texto me llevó a pensar, necesariamente, en el clasismo. La forma en que menciona la nueva clase media que, ahora, puede darse algunos lujos, pero que no comparte, al sentirse fuera de lugar en un espacio con esas personas.

Otro elemento de su escrito es el relativo a que “… la Presidenta tiene más del 70% de aceptación, por eso México ha cambiado, estamos en manos de una sociedad ignorante, no politizada y a la vez polarizada”.

Considero que existe un grado de ignorancia social, por usar esos términos, resultado del desinterés generado por la apatía de la gente a participar en asuntos de la res social, aunque por décadas ha sido así, ante la forma en que se diseñó la educación pública, lo cual fue profundizado en tiempos de los gobiernos panistas, al quitar del programa algunas materias. Sin embargo, tampoco coincido con esa idea, porque la aceptación la tiene también de personas con formación académica, y hay quienes sin ésta, han adquirido conocimiento importante.

No obstante, ahora las personas están más interesadas en asuntos políticos en este período, como respuesta a la realidad que enfrentan. Es innegable que en estos años de inicio del siglo se ha visto diferencias en la forma de gobernar y la mejora económica de familias con un bajo poder adquisitivo, quienes pueden acceder, ahora sí, a lo básico. Las dádivas que refieren permiten a muchos, al menos, tener para pasajes o comprar un poco más de comida.

Lamentablemente, los logros son opacados por la corrupción, cultura que ha predominado en la clase política y ha permeado en distintos sectores sociales. Una forma de ello, el tráfico de influencias, como lo dice al finalizar su texto, sobre costumbres de sus amistades para que le consiga “una palanca” para ayuda de cualquier tipo, como ayudar a un egresado de una universidad gringa a conseguir trabajo en alguna institución laboral.

Falta mucho para disminuirla y no creo que me toque ver, si ocurre, su erradicación.

Igual, no coincido con las afirmaciones de una sociedad polarizada. Quienes viven con lo menos y quieren mejorar, necesariamente piensan diferente que las personas que pueden pagar la cantidad que sea por algún bien o servicio. La polarización también tiene décadas que ocurre, pero al no tener contacto con esa realidad, con esa diferencia de clases, clasismo, no lo mencionan u ocultan. Culpan a una persona o a un movimiento social de polarizar, al ser un discurso que sirve para culpar de inquietar a la gente. La gente ya estaba inquieta.

Un elemento que ha servido para que las personas se alleguen información, buena o mala, es la tecnología. Las personas estamos condicionados a la tecnología, los adelantos científicos. En el período de los más importantes movimientos sociales, la tecnología era limitada y los pueblos pudieron levantarse a protestar. Había lo que llaman polarización y no era tan notoria, porque la voz imperante estaba en los medios masivos de comunicación, cuyos dueños tienen una ideología e intereses definidos.

Entonces, ¿los señalamientos de polarización que hace quienes tienen un espacio en medios de comunicación masiva solo ocurren cuando es en contra del núcleo económicamente dominante? Entonces, ¿ellos no polarizan e infligen miedo a la gente que no verifica la información en redes sociales y noticiarios para generar, además, miedo y sensación de inseguridad?

Decían muchos de ellos que La Mañanera, en sus dos versiones, la actual y la anterior, debía desaparecer. Quieren regresar al monopolio informativo, en el que el aparato gubernamental los usaba para posicionar mensajes, mediante el pago respectivo. Ese espacio de información del gobierno es un acierto para, no equilibrar, sino posicionar mensajes sin estar condicionado a personas que controlan los mass media.

Otro elemento en el que coincido es que “México ya no es el mismo”, según su dicho. La información que la gente recibe en las mañaneras del anterior y este gobierno, las hace menos ignorantes de la discusión en el espacio público, del otro lado de la luna informativa, invita a su participación social, al recibir las cuentas que da el gobierno de su actividad, y permite conocer que muchos de los datos que expresan los conductores son falsos, con alguna intencionalidad, o por falta de profesionalismo, lo cual dice mucho.

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