El Acueducto de Querétaro es una construcción llena de historias desde hace casi tres siglos. Sus arcos de cantera dominan el paisaje de la ciudad y recuerdan una de las obras de ingeniería más importantes del virreinato aunque para muchos queretanos es el monumento a un amor imposible.

La leyenda tiene como protagonista a Juan Antonio de Urrutia y Arana, Marqués de la Villa del Villar del Águila, un acaudalado noble español que llegó a la Nueva España durante el siglo XVIII.
Reconocido por sus obras de beneficencia, su nombre quedó ligado para siempre a Querétaro gracias a la construcción del acueducto que abasteció de agua a la ciudad durante generaciones.
Un amor imposible

La tradición oral detalla que el marqués frecuentaba el convento de Santa Clara, donde conoció a una religiosa cuya belleza y bondad terminaron por cautivarlo; las versiones cambian pero muchas la identifican como Sor Marcela, quien había consagrado su vida a la religión y cualquier posibilidad de romance era poco menos que imposible.
Lejos de insistir, el marqués habría decidido transformar aquel sentimiento en una obra destinada a beneficiar a toda la población y en aquella época, Querétaro enfrentaba constantes problemas para obtener agua potable, lo que afectaba a toda la población, incluyendo a los conventos de la ciudad. Así nació la idea de construir un acueducto capaz de llevar agua desde los manantiales de La Cañada hasta el corazón de la ciudad.
Durante años, cientos de trabajadores levantaron los enormes arcos de cantera que hoy se han convertido en uno de los símbolos más reconocibles del estado.

La tradición asegura que el marqués jamás confesó su amor y que aquella extraordinaria obra fue la única forma que encontró para expresar un sentimiento destinado a permanecer en silencio.
La historia mezcla personajes reales con elementos que nunca han podido comprobarse.
Los documentos históricos confirman que Juan Antonio de Urrutia y Arana financió gran parte del Acueducto de Querétaro, inaugurado en 1738, con el propósito de resolver el problema de abastecimiento de agua que enfrentaba la ciudad. Sin embargo, no existe evidencia documental que demuestre la existencia del romance con la religiosa ni que esa haya sido la razón para emprender la construcción.
La narración ha sobrevivido al paso del tiempo y continúa formando parte del patrimonio cultural de Querétaro; es una leyenda que ofrece una explicación simbólica sobre el origen de una obra que transformó para siempre la vida de la ciudad.
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