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El Nahual de Texcoco… No Respondas Si Te Llama

La laguna de Texcoco ya no existe. La secaron, la llenaron de concreto, de casas, de drenajes que apestan a muerte vieja. Pero lo que quedó atrapado en el lodo no se fue. Xólotl sigue ahí, esperando en la niebla que sube de las alcantarillas cuando llueve recio en el oriente de la ciudad.

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Era sacerdote de Tezcatlipoca, el dios que ve todo en sus espejos humeantes y castiga con hambre eterna. Xólotl podía transformarse en coyote negro, el más grande que pisó el valle. Al principio cazaba para proteger: mataba a los que amenazaban a su gente, curaba con sangre y rezos. Pero un tlaxcalteca le arrancó la hermana: la degolló lenta, mirándolo a los ojos, riendo mientras la sangre salpicaba. Xólotl no gritó. Se transformó esa misma noche.

Cruzó la laguna como sombra líquida. Encontró al guerrero dormido. No lo mató de un golpe. Lo mordió vivo: primero las piernas para que no corriera, luego el pecho para que sintiera el corazón latiendo mientras se lo arrancaba. La sangre le entró por la garganta, por los ojos… y la maldición se clavó. Cada transformación traía el hambre: no de comida, de carne humana fresca, de venganza que nunca termina.

Xólotl dejó de ser hombre. Se volvió un nahual devorador, un coyote que camina en dos patas cuando quiere, que aúlla con voz de hombre y susurra nombres en la oscuridad.

Los españoles drenaron todo. Quemaron códices, construyeron iglesias sobre chinampas sagradas. Pero el nahual no muere con el agua. Quedó en los charcos podridos, en los canales sucios de Nezahualcóyotl, Ecatepec, Chimalhuacán y Texcoco viejo. En las madrugadas frías, cuando la niebla tóxica sube del drenaje y huele a tierra mojada y a algo podrido, él sale.

La gente ya no lo llama nahual en voz alta. Dicen “el coyote que sabe tu nombre”.

– Un taxista de Chimalhuacán (2019, el audio circuló en WhatsApp antes de que lo borraran): Recogió a un pasajero en la México-Texcoco a las 3:17 AM. Sombrero bajo, olor a lodo. Pidió bajar en un terreno baldío lleno de basura. Al prenderle el cigarro, sus ojos se pusieron amarillos como faros. El taxista sintió un ardor en el pecho. Al día siguiente: huellas de patas grandes alrededor de su casa, arañazos en la puerta que parecían hechos con uñas humanas. Nunca volvió a manejar de noche.

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– En Nezahualcóyotl (2022, TikTok que duró 12 horas): Una morra grabó audio: “Oí mi nombre clarito en la niebla, como si mi hermano me llamara. Volteé… un coyote parado en dos patas, mirándome fijo. Corrí. Al llegar a casa, el espejo del baño tenía una huella de pata quemada en el vidrio. Desde entonces sueño que corro en cuatro patas y tengo hambre… mucha hambre”.

– En Texcoco, los viejos pintan cruces con cal en las puertas cuando hay luna llena. Dicen que si no, por la madrugada oyes pasos: dos pies… luego cuatro. Un aullido que suena a tu propia voz gritando de dolor. Si le hablas te habrá identificado… estás marcado.

¿Lo más fuerte?: no te mata de una. Te elige si llevas rabia guardada, si alguien te traicionó, si tienes una herida que no cierra. Te llama por tu nombre en la niebla. Si respondes, empieza. Sueñas con carne cruda, despiertas con sabor a sangre en la boca. Sientes que algo te observa desde las sombras de tu cuarto. Y un día, sin darte cuenta, sales de noche… y caminas a cuatro patas, buscando a alguien como tú, alguien que huela a venganza.

No contestes si te llaman. No mires atrás. Apaga la luz y quédate quieto porque el Nahual de Texcoco no está muerto. Solo está esperando… y quizás ya sepa tu nombre…


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